viernes, 23 de diciembre de 2016

Saco de huesos.

Tengo el corazón lleno de agua de mar
Quizás sea de tanto ahogarme con ilusiones
de tanto llegar al fondo sin respirar
y salir nadando a la superficie
con el pecho lleno de agua sucia.

Tengo el pelo enredado de peinarme
de peinarme por complacer
A ti te llevo el pelo alborotado
he visto que me miras igual
que yo por las mañanas
cuándo me acabo de despertar
y veo que estás a mi lado acurrucado.

Tengo las manos llenas de heridas y cremas
de tocar las cosas con curiosidad
por acariciarte los besos
de agarrar fuerte lo que no quiero perder
por no soltar cuerdas que debí dejar marchar.

Tengo los pies descalzos
cansados de andar todo el día quejándome
llenos de olor a (que so)braba gente en mi vida
y por fin ya no están
para sentirlo todo con ellos
y que me hagas la tortura china y no pueda respirar.

Tengo arrugas en la frente y tengo 20 años
Creo que es de cuestionarlo todo y fruncir el ceño
Creo que es de soprenderme y levantar las cejas
Creo que es de mirar al cielo perpleja
Creo que de anciana tendré arrugas de guerra y me encanta.

Tengo la tripa plana y llena de sentimientos
dolor cuando me entra el miedo
vacío cuando no se que hacer
cosquillas cuando te voy a ver
Tengo puñales arrancados de que me los claven
Y polillas que quieren ser mariposas que no han conseguido salir
Tengo caracolas y cara culos y sobretodo café.

Tengo un cuerpo imperfecto para todos
menos para mi
orgullo por mi
Tengo todo lo que soy en un saco de huesos
que suele estar envuelto por abrazos y versos.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Cuentos

Te esperaría como Penélope
en la silla de este bar hasta la eternidad
Te esperaría solo para verte llegar
con tu sonrisa escondida
con tu mirada perdida en mí
Te esperaría.

Navegaría como Simbad por los siete mares
para buscarte si algún día te vas
para encontrarte aunque no haya vuelta atrás
Navegaría
y contarían historias sobre mí y sobre nosotros
Te buscaría aunque me perdiese a mí.

Te cantaría como una sirena
para seducirte y no perderte
para embaucarte y adorarte
y tirarte a mi océano para perdernos juntos.

Volaría sin paracaídas a Nunca Jamás
y lucharía contra piratas con garfios
y las hadas me guiarían hacia ti
Mientras juegas a ser Peter Pan.

Recorrería todo Oz sin león ni hojalata
Mataría a la reina roja haciendo tratos con el gato
Encarcelaría a todas las madrastras que nos quieran enjaular
Me pondría zapatos de cristal y me cortaría la melena.

Rompería todos los finales felices de cuento
Bailaría con gatos con botas y ogros salvajes
Revolvería el mundo si te vas algún día
para volverte a encontrar.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Nirbla

La marea trajo la muerte. Aquel día algo en mi murió y dejé su cadáver en la orilla abandonado. Me fui de allí con un vacío en el pecho, pero no me importó. Solo era uno más en mi colección de dolores y huecos. El cielo nublado y gris con negrura en el horizonte auguraba tormentas y protagonizaron el funeral. La arena en realidad es un cementerio de conchas y rocas muertas como yo. No estábamos fuera de lugar, solo yo estaba viva allí.
Me subí al coche con los ojos y los cristales empañados. La radio quiso acompañarnos empeorando el ambiente y una parte de mi se iba resquebrajando con cada bache. No sabía a donde ir.¿ A casa a llorar? ¿A algún café para no dormirme con la tristeza acurrucada? Me fui a verte, pero no estabas. Me quedé sentada en el escaloncito de la puerta de tu casa y fumé, y fumé mucho. También lloré y lloré mucho. Te escribí una nota y la dejé en tu buzón tres horas después completamente derrotada. Me fui a casa.
Me emborraché a ver películas terribles para apagarme el hilo de pensamiento. Es que a veces me golpea muy fuerte desde el sótano y no lo se parar. Me fumé otros mil cigarros y me bebí otros mil tés con miel para no arrancarme la garganta de cuajo buscando mi voz más tarde.
Me cambié de ropa y decidí dejarme morir en el sofá con la música más triste que tenía. Me morí tanto que me desperté por la mañana, pronto a eso de las seis con un hambre atroz y un apetito inexistente, pero decidí comer algo. Me ahogué en un café y me comí todo el chocolate disponible. Miré el telefono con cien llamadas tuyas y te llamé con la voz aún quebrada. Decidiste venir a verme y abrazarme mientras me dejaba morir. A ratos me matabas tu de risa de golpe en las costillas y te dejaba ganarme sin defenderme. Aquel día me salvaste y no rechisté. Ahora quiero que me abras la puerta que quiero salvarte yo.