miércoles, 5 de octubre de 2016

De vuelta a casa

Era tarde, suficientemente tarde como para que sólo paseasen los rezagados que vuelven tarde a casa como yo. Había empezado a refrescar por la noche y la capa de sudor acumulado en el cuerpo de todo el día ayudaba a refrescarse. Paseaba pensando en que la noche no había sido especial, que aquel hombre al otro lado de la barra no era tan atractivo y las cervezas no me habían subido lo más mínimo. Pero tampoco había estado mal.
El verano ya me parecía aburrido y largo y ya no había entretenimiento novedoso al que agarrarse. Supongo que eso nos pasa a todos. Pasé al lado de casa de Pablo, con quien los ratos fueron largos, tranquilos y entretenidos. Más adelante por la casa de Luis y recordé todas las noches todos juntos allí. Vi un coche parecido al de Paula y me suena la radio en los oídos de los viajes a su casa de la playa con Marcos y los demás. En la parada de autobús veo sentado a Carlos con una enorme sonrisa acompañandome por las mañanas, yendo a clase con miles de historias de reír y llorar. Pienso en ellos y en los demás y no puedo evitar que me recorra un sentimiento de nostalgia y una sonrisa tímida al pensarlo. Supongo que es la vida, ¿ no? Llego a casa, me desvisto, voy al baño y me acuesto intentando disfrutar del fresco que entra por la ventana, en unas horas volverá ese calor abrasador que me agota tanto.

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