lunes, 13 de octubre de 2014

Dauvas Deaf.

La mañana se había despertado ardiente. Las nubes nacían rugiendo de rabia y de dolor. El rojo fuego ocupaba el cielo. Aquel sería uno de los días más duros de mi vida y en el fondo lo sabía. Todos lo sabíamos. Ninguno de nosotros era totalmente consciente de lo que sucedía. Todos estábamos demasiado descolocados como para razonarlo. Todos nos dirigíamos a aquel lugar lleno de todo, lleno de él y lleno de nosotros sin él.

Dauvas Deaf se había marchado tan de repente que no fuimos casi capaces de asumir su marcha. Había habido unos ligeros avisos previos, pero ninguno, ni siquiera él, tan adivino de todo, lo esperaba. No hubo tiempo para despedirse, debía marcharse antes de que las cosas empeorasen. Nos había marcado a todos, a unos más que otros, pero al fin y al cabo a todos .El mundo le había visto recorrer parajes inhóspitos y hacer viajes increíbles y aún no había terminado con él. Le esperaba el viaje más largo de su vida y nos tocaba seguirlo en él a cada uno en un trayecto. Debía dejarnos instrucciones antes de irse, pero las prisas nos estaban obligando a improvisar, pero antes de llegar más lejos os hablaré de él.

No tuve demasiado tiempo para conocerle, pero siempre supe que era especial. Yo creo que era y siempre será una de las personas más singulares que haya conocido nunca. Le recuerdo siempre callado en las grandes reuniones, su sordera le impedía prestar atención con nitidez a las intervenciones de todos. Siempre me pareció misterioso, pero nunca me dio miedo. Lo suyo siempre fueron las conversaciones individuales y no había ninguna que no me hiciera sonreír. La primera que recuerdo con mayor claridad aún me hace sonreír cada vez que cruza mi mente.

Recuerdo que era noche vieja y lo celebrábamos todos juntos en el,npor aquel entonces,  "Chap". No recuerdo muy bien en que momento de la velada, supongo que antes de los regalos, o durante los de los mayores, antes o después de cenar, pero mi mente me dejó guardar aquello. Estábamos en la barra y me pidió la mano y yo se la enseñé. Yo no entendía que debía pasar con ellas. Recuerdo que las miró con atención, me miró fijamente con todo el cariño de su corazón y me dijo "Tienes unas manos muy bonitas". Nunca hasta ese momento lo había pensado. Yo tenía los dedos alargados al tocar la flauta travesera de metal antes de que me llegasen bien los dedos y eso me los había hecho finos y alargados. Me dijo que era preciosa y me obligó a sonreír incrédula y feliz. Creo que fue una de las pocas veces que alguien me hizo creer de verdad que lo era. Creo que es el momento que tengo más inmortalizado de toda la noche.

Tengo varias lagunas en mi vida, como todo el mundo, supongo, y más aún cuando se es tan joven como yo. La mayor parte de sus intervenciones en mi vida eran en reuniones familiares y con las típicas intervenciones banales sin importancia. Gran parte de mis años a su lado fueron así. Ojalá hubiera podido conocerle más, oír más historias sobre él, haber llegado más lejos, pero supongo que era inevitable. Desde el momento en el que vi la primera señal inevitablemente intenté acercarme a él a toda costa, algo me decía que ya no me sobraba el tiempo. Que debía volar a su lado y así fue con toda la sinceridad que pude. Intenté aprender todo lo que pude de él antes de que se fuera. Su palabra, siempre sabia, me hizo crecer aun más de lo que lo estaba haciendo y su atención a mis palabras me hacía sentirme grande. El orgullo en sus ojos era tal, su interés, su alegría me hacía sentirme importante en el mundo.

Siempre parecía satisfecho con cada palabra que le contase, como si todo lo que hiciera fuera importante. Recuerdo que su barba siempre pinchaba cuando me daba dos besos, y me hacía cosquillas. Nunca hasta ahora me había dado cuenta de algo tan importante como mi similitud a él. Siempre fui escritora aunque no lo supe. Nunca hubo mejor lector que él. No hubo tiempo para recomendaciones, ni casi críticas, pero su cara de emoción  al leer,  posiblemente, el mejor de mis relatos, me lo dijo todo. Creo que de verdad aquel día tan cercano y tan lejano me hizo sentirme durante unos segundos una escritora de verdad. Su apoyo, ese parecido con él me hacía sentir única. Sé que me esta leyendo atentamente mientras escribo, gracias.

Quizás no fui la que más le conoció, ni mucho menos, pero no puedo agradecer más los últimos momentos porque los recordaré siempre como felices. Tras los primeros avisos empecé a preocuparme, casi demasiado a menudo por él y casi a asustarme, pero siempre celebré cada día más, pues un guerrero es aquel que lucha hasta el final, y él siempre lo hizo. Siempre fue un héroe mal recompensado, pero nunca será olvidado. Creo que nunca le llegué a decir con palabras lo mucho que le apreciaba, pero creo que él lo sabía. Siempre será un gran ejemplo de valor y valentía para mi. Siempre recordaré su sabiduría, su calor, su cercanía y su forma tan especial de vivir la vida, de disfrutar los momentos.

Creo que con esto os he dado una imagen mía de él. ¿A que era increíble? Yo había decidido ir a Rusia a cumplir sus anécdotas y así haría más adelante. Creo que por el momento reconstruiré aquella casita que siempre hice mía en Los Molinos. Aquella casita ahora algo derruida que siempre me hizo recordarle a él. Espero poder emprender aquel viaje prometido en su compañía pronto y poder tener otra cosa que contar igual que lo hacía él.

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