viernes, 15 de agosto de 2014

Malos días Madrid.

Me levanté cansado de la cama, deseando quedarme acurrucado entre mis sabanas con olor a mujer. No me sorprendía que se hubiera ido. Nunca se quedan y nunca se despiden. Revisé a ver si había dejado alguna nota o algún rastro de su paso por aquí , pero no encontré nada más que un hombre derrumbado en calzoncillos y una casa similar a él. Me encendí un cigarrillo mientras conectaba la cafetera. Me senté en mi sillón y encendí la radio para no oír el silencio.

Cuando el café estaba listo me serví y salí al balcón a desearle un día terrible a las calles de Madrid, me sentía mal y todos debían sufrirlo conmigo. Aspiré con fuerzas todo el olor que quedaba a ti en tu bufanda gris y te deje merodear por mi piso durante un rato. Después llamé a Mario y le dejé convencerme para salir de bares esa tarde. Salí de casa de camino a la editorial para ver que me decían, Clara me había llamado la tarde anterior diciéndome que debía pasarme a revisar unas cosas. Parecían gustarles mis poemas sobre ti, los publicarían pronto con un boceto de un desnudo de mujer en un balcón en Madrid. Les dejaré usar el mio para poder beneficiarme a la modelo pensando que eres tu. La bañaré de ti y la dejaré quererme un rato, hasta que me canse o le den el dinero.

Debía escribir más relatos para adultos y mas cuentos para niños. Todos me adoraban pero ninguno sabia quien era y eso me gustaba. Prefería las lecturas mil veces antes que mi foto en la contraportada. Recuerdo el día en que te conocí. Estabas tan guapa con tu estilo de bohemia y tus ganas de soñar en aquella silla de la esquina. Me escuchabas con tal afán que parecía que te daba igual que estuviera totalmente desequilibrado. No dejé que mirarte en toda la velada y dejé que te acercarses a mi para que te firmara aquel libro de poesía desgastado y usado. No pude evitar invitarte a tomar algo en el bar de enfrente. Eras tan guapa que me quería morir. No podía creerme que tú, tan guapa e inteligente me leyeras a mi, tan inútil y deprimente, como siempre.

Me embadurné de ti todo lo que pude pero te marchaste igual. Creo que fue un martes, tu ya no estabas y me habías dejado una nota en la cama despidiéndote y abandonándome por culpa de mis desvaríos. Creía que te gustaban, eran lo que me hacía escribir. Aquel día dormí durante horas y horas hasta que Clara apareció en casa enfadada porque no la respondía a las llamadas. ¿No se que esperaba que hiciera? Intentó consolarme pero eras tú, estaba tan enganchado a ti como al café, como a mi cajetilla de Camel. Te habías marchado sin previo aviso y me habías destrozado la casa. Estaba vacía sin ti, sin nosotros. Ojalá me leas y vuelvas, ojalá...

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