sábado, 16 de agosto de 2014

Maldito seas.

Llamé a la puerta varias veces con bastante ímpetu, pero nadie contestó. Decidí gritar y al no oír respuesta me encendí un cigarrillo mientras esperaba en el portal a la sombra. El calor nos tenía a todos derrotados, menos a los que estaban en casa con el aire acondicionado. Decidí esperar a que aparecieras. Me preguntaba donde estarías. Maldito seas, eran las 9 y me habías invitado a cenar. Llegabas tarde a tu propia casa.

Otra decepción, ya no me sorprendía, pero a pesar de todo seguía cabreandome. Me fumé uno, dos y hasta tres cigarrillos. Estaba impaciente, tenía hambre y calor. Las ganas de verte ya me daban igual, estaba enfadada contigo pero ni siquiera estabas allí para echarte la bronca. Te llamé y comunicó varias veces, eso tampoco me sorprendía. Siempre habías sido un desastre y tampoco era capaz de culparte porque siempre que te decía algo parecías no saber nada sobre el tema, pero con toda la inocencia del mundo.

Al borde del infarto me encendí otro cigarro y le eché valor para no perder los nervios. Te volví a llamar y por primera vez parecía que ibas a contestar. Sonó una voz femenina y tranquilizadora, no podías ser tu. Me temí lo peor. Fui corriendo a verte. No entendí nada más que tu nombre y el nombre del hospital y acto seguido salte a mi coche y mientras me bañaba las mejillas de lágrimas me salté un par de pasos de cebra. Todo me daba igual, solo quería saber que estabas bien. Me arrepentía de no haber prestado atención a lo que me había dicho la enfermera pero ya me enteraría allí.

Me sentía fatal, te había acusado de traición antes de tiempo y ahora la traidora era yo. Aparqué en el primer sitio que vi y salí corriendo hacia el interior, pregunté tu nombre y cogí el ascensor. No había dejado de llorar y moquear en todo el camino y ni siquiera sabia si era algo grave. Entré en la habitación y se me paró el corazón de golpe. Allí estabas tu, dormido en una camilla blanca lleno de cables. No parecías tu y eso me daba aún más miedo. Llamé a la enfermera y esta vez intenté prestarla toda mi atención.

Pasé la noche contigo sin poder echar ni una cabezada por miedo a que te despertaras y yo no me enterase. Quería que te despertaras y pedirte perdón por todas las broncas que te había ido echando. Si no te hubieras dado prisa aquel coche te habría visto y no estaríamos aquí. Cuando abriste los ojos fue como si el mundo me diera un respiro. En aquel momento me prometí a mi misma que nunca más volvería a quejarme de ti y que tampoco me separaría de ti.

Todos ellos son imbéciles.

El whiskey bajaba por mi garganta como una cascada interminable. Mis pulmones debían tener una niebla de estas que te impiden ver un par de pasos más allá. Estaba hecho mierda, pero me daba igual. Estaba acabado. Me habían despedido, había suspendido mis exámenes y todos mis amigos habían aprobado. Hasta Claudia se había ido, sin importarle que yo estuviera derrumbado y alcoholizado.

Todos ellos son imbéciles, como les odio. Eran todos unos egoístas. Ni siquiera mi novia se había molestado en llamarme desde el día del desastre. Había sido uno de mis insomnicos lunes y no podía aguantar ni cinco minutos sin bostezar. Tanto estudiar me había embotado la cabeza y había llegado al punto que no saber que hacía, cuando y como. Me dormí en el coche y no asistí al trabajo, al día siguiente estaba fuera. Estaba tan destrozado física y mentalmente que me tiré dos días enteros sin salir de casa.

Ni me presenté a los exámenes ni llamé a nadie para pedir las fechas, nada. Estaba demasiado derrotado para coger el teléfono. Claudia no se dignó a aparecer por casa. Me dio la sensación de que en el fondo lo veía venir y es más, que esperaba a que llegaste aquel día para verme caer. Estúpida novia. En realidad yo no la quería, ni ella a mi. Nos habíamos cansado tanto el uno del otro que hasta nos odiabamos,  pero al menos era buena en la cama. En realidad creo que eso era lo único que nos unía.

Era el principio del resto se mi vida. Parecía un poeta de estos románticos alcoholizado por su amarga existencia, pero a mi nunca se me dio bien escribir. Salí a pasear y vi como el mundo parecía feliz sin mi. Decidí hacer algo, estaba harto de todo, y de todos. Lo vi claro y me tiré a las vías del metro. Nadie saltaría a por mi y en el momento en el que pensé que todo iba a acabar se apagó todo. Ahora estoy en una camilla de hospital y aquí estas, agarrándome la mano con fuerza siendo lo único que creo que me va a hacer permanecer vivo el resto de mi vida.

viernes, 15 de agosto de 2014

Malos días Madrid.

Me levanté cansado de la cama, deseando quedarme acurrucado entre mis sabanas con olor a mujer. No me sorprendía que se hubiera ido. Nunca se quedan y nunca se despiden. Revisé a ver si había dejado alguna nota o algún rastro de su paso por aquí , pero no encontré nada más que un hombre derrumbado en calzoncillos y una casa similar a él. Me encendí un cigarrillo mientras conectaba la cafetera. Me senté en mi sillón y encendí la radio para no oír el silencio.

Cuando el café estaba listo me serví y salí al balcón a desearle un día terrible a las calles de Madrid, me sentía mal y todos debían sufrirlo conmigo. Aspiré con fuerzas todo el olor que quedaba a ti en tu bufanda gris y te deje merodear por mi piso durante un rato. Después llamé a Mario y le dejé convencerme para salir de bares esa tarde. Salí de casa de camino a la editorial para ver que me decían, Clara me había llamado la tarde anterior diciéndome que debía pasarme a revisar unas cosas. Parecían gustarles mis poemas sobre ti, los publicarían pronto con un boceto de un desnudo de mujer en un balcón en Madrid. Les dejaré usar el mio para poder beneficiarme a la modelo pensando que eres tu. La bañaré de ti y la dejaré quererme un rato, hasta que me canse o le den el dinero.

Debía escribir más relatos para adultos y mas cuentos para niños. Todos me adoraban pero ninguno sabia quien era y eso me gustaba. Prefería las lecturas mil veces antes que mi foto en la contraportada. Recuerdo el día en que te conocí. Estabas tan guapa con tu estilo de bohemia y tus ganas de soñar en aquella silla de la esquina. Me escuchabas con tal afán que parecía que te daba igual que estuviera totalmente desequilibrado. No dejé que mirarte en toda la velada y dejé que te acercarses a mi para que te firmara aquel libro de poesía desgastado y usado. No pude evitar invitarte a tomar algo en el bar de enfrente. Eras tan guapa que me quería morir. No podía creerme que tú, tan guapa e inteligente me leyeras a mi, tan inútil y deprimente, como siempre.

Me embadurné de ti todo lo que pude pero te marchaste igual. Creo que fue un martes, tu ya no estabas y me habías dejado una nota en la cama despidiéndote y abandonándome por culpa de mis desvaríos. Creía que te gustaban, eran lo que me hacía escribir. Aquel día dormí durante horas y horas hasta que Clara apareció en casa enfadada porque no la respondía a las llamadas. ¿No se que esperaba que hiciera? Intentó consolarme pero eras tú, estaba tan enganchado a ti como al café, como a mi cajetilla de Camel. Te habías marchado sin previo aviso y me habías destrozado la casa. Estaba vacía sin ti, sin nosotros. Ojalá me leas y vuelvas, ojalá...

sábado, 9 de agosto de 2014

Tu más yo.

Dos más dos son cuatro,
Sí, se sumar.

Cuatro menos tres son uno
Sí, se restar.

Cuatro por cuatro son dieciséis
También se multiplicar como veis.

Diez entre cinco son dos
Sé dividir como vos.

Pero tu más yo
No es nosotros,
Ni una pareja,
Ni dos.

Tu más yo
Es igual a
Tu más yo
Aunque a veces
Incluso
Es yo sin ti.