sábado, 30 de noviembre de 2013

Observadora tímida.

Lucía en su boca una sonrisa hermosa, sus labios curvados eran capaces de hipnotizar al mismo diablo. Su profunda mirada brillaba como el sol en un ardiente día de verano. Sus mejillas y su nariz sonrojadas por el frío hacían una bonita combinación con su tez clara. Bajo su boca una barba casi pelirroja tapaba su perfectamente perfilada barbilla y su pequeño bigote decoraba esa bella boca burlona. Sus cabellos castaño claro le caían sobre los ojos sin llegar a eclipsar esa mirada azul claro capaz de enamorar a Calipso con mayor belleza que aquel profundo y oscuro azul del mar. Era difícil no pararse a contemplar su belleza, parecía una escultura helenística esculpida con gran detalle y policromada de tal forma que parecía más un sueño que otra cosa. Encontrarse con un hijo de Venus es difícil, pero son tan fáciles de reconocer que al verlos es imposible dudar que lo sean. Su cuerpo musculoso y estilizado siempre iba decorado con ropas con clase lo que, aunque pueda parecer imposible, le hacía deslumbrar aún más. Casi segura de ser capaz de dirigirle la palabra me acerqué a él pero como siempre la vergüenza y la inseguridad ganan y me convenzo a mi misma que no debería interrumpirle en su interesante conversación y discretamente me alejo disfrutando de su olor y dejo que siga sin saber todo lo que tengo que decirle...

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