lunes, 30 de septiembre de 2013

Dudas sin resolver, respuestas desconocidas.

Tengo miedo. Tengo dudas. Tengo preguntas que no sé si quiero que sean respondidas. Quiero ir, pero se que iré desconfiada. Quiero huir, pero sé que así no cambiaré nada. Incertidumbre.
No se que pasará, ni se si quiero saberlo, pero a pesar de todo las ganas de acabar con esto me dominan. Mi cabeza no para de dar vueltas y saca conclusiones contradictorias. Contradicciones que no me llevan a ningún sitio.
Sólo hay una forma de resolver mis dudas. Espero impaciente a que vengas. Llegas y no puedo más. No puedo esperar.
-Entonces...

domingo, 29 de septiembre de 2013

Corriendo por las calles.

Acelero el ritmo poco a poco. Estoy solo y creo que me persiguen. Dos encapuchados siguen mis pasos. ¿Quienes son? Lo desconozco. Callejeo y me pierdo entre las calles para despistarles. Me giro frecuentemente y me decepciona verles detrás de mi.
Llego a la calle principal y empiezo a correr y ellos corren también. No sé que hacer. Miro a todos lados y busco una salida. La gente me mira con desconfianza y cada vez me siento más confuso. Esquivo a la gente mientras sigo huyendo.
¿Qué habré hecho para que me pase esto? No lo sé. Sólo se que el miedo me dice que corra. La respiración me falla y mis piernas se paran. Me alcanzan y ya es tarde. Al menos ahora sabré el porque de esta persecución y se irá la duda que me invade.

Adolescencia pérdida.

Bailando, cantando y bebiendo. Así pasó la noche. Desfase, descontrol y mucho tabaco y alcohol. Con sus amigos, con sus amigas. Entre el bullicio y el ruido se mezclaba su voz cantando la misma canción que sonaba desde aquel enorme altavoz.
No se cansaba nada, la fiesta no paraba. Consumía y consumía todo lo que veía.
Algo desorientada fue en busca de un poco más de marcha. Cogió a una amiga de la mano y se perdieron en la multitud. Muchos chicos la miraban deseosos mientras paseaba en busca de algo que le gustase.
Mientras movía sus caderas un chico se acercó. Bailó con ella al son de la música mientras su amiga estaba ocupada con un amigo de él. Coqueteo y sonrisas. Miradas cómplices y muchas risas. Poco a poco se besaron y lo que parecía un beso se convirtió en un juego. Jugando y jugando, sin protección la cagaron.
Ella empezó a vomitar mientras él se iba a bailar con otra chica más. Mareada y medio dormida la encontró su amiga, tirada en el suelo de los baños, sola y bastante poco presentable. Nadie se había acercado a ayudarla.
Nueve meses después nació una criatura, sin padre, sin prisa y con una preciosa sonrisa. Otra madre adolescente más que su juventud tiró por un chico guapo en un bar.

Mi Lope de Vega me dice que le copio.

Pensar y pensar sin descansar;
dejar a la imaginación volar como los pájaros cuando emigran al sur;
morir a cada instante al mirarte a los ojos, lejos de los enojos y de los labios rojos.

Perderse en tu mirada, en tu sonrisa, en tus pocas palabras;
Llorar de alegría si te veo, de tristeza si me faltas;
Mirada idiota, maldita boca la mía que me pide más, que no me deja parar, que no sacia su hambre.

Calambres y nervios a flor de piel al no estar con el;
Relajación y satisfacción al verle, al calmar mi sed de él;
como la de un yonki al agujerear su piel.

¿Quererte? No se si te quiero, sólo se que cada vez que te vas espero que a vuelvas.