domingo, 18 de noviembre de 2012

Domingo de otoño.

Tomo el té caliente a sorbos pequeños,mientras miro por la ventana. La calle esta vacía. El turbio cielo intenta aclararse, las gotas chocan contra el cristal, pero durante poco tiempo y de forma muy dulce. El suelo esta repleto de hojas amarillentas y los árboles se comienzan a desnudar. Apoyo mi frente contra el cristal, esta frío, pero es agradable. El tiempo parece haberse parado a pesar de que la canción que escuchaba antes hace rato que ha cambiado. El sol se sonroja y se empieza a esconder mientras se ve reflejado en las ventanas del edificio de al lado. Dos niños van de la mano, riendo, cantando. Llevan hojas en las manos y juegan con el perro que pasa por su lado. Sus padres van detrás contemplando la bonita escena y en mis altavoces suena la voz de una sirena y parece que adelantó su salida la luna llena. Pasa una pareja discutiendo , ella llora y sale corriendo, él la persigue,"¿Qué estás haciendo?" se le oye gritar. El coge velocidad y la alcanza y la abraza y ella se resiste mientras el persiste. "Lo siento." leo en sus labios, ella hace un amago de sonrisa y una lágrima se desliza por su rostro mientras oigo la experta melodía de un pianista de prestigio. Ya es casi de noche y ellos desaparecen y las persianas del vecindario se bajan a la vez y el achocolatado sabor de una galleta se contrasta con hecho tan amargo que he estado contemplando. La ciudad se va escondiendo a medida que va anocheciendo y yo ya me voy mentalizando que mañana hay que levantarse temprano, es lunes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario